El episodio se produjo cerca de la 1:00 de la madrugada, cuando un fuerte estruendo alertó a vecinos de la zona diplomática de Oslo. De acuerdo con la información oficial, la detonación provocó daños materiales menores en la entrada de la sección consular, aunque no se registraron personas heridas.
Tras el incidente, la policía desplegó un operativo de seguridad en los alrededores del edificio y comenzó a trabajar en la escena junto con especialistas del Servicio de Seguridad de la Policía Noruega, que se sumaron a las tareas de investigación.
Testigos presenciales relataron a la prensa local que después de la explosión se pudo observar una columna de humo elevándose sobre el área protegida de la embajada. En imágenes difundidas por medios noruegos también se registraron vidrios rotos sobre la nieve, grietas en una puerta de vidrio y marcas oscuras en el suelo, señales del impacto.
Las fuerzas de seguridad acordonaron la zona mientras especialistas revisaban el lugar en busca de pistas. Durante las primeras horas de la investigación se desplegaron perros policiales, drones y helicópteros, con el objetivo de detectar posibles artefactos adicionales o rastros que permitan identificar a los responsables.
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