El principal cuello de botella se encuentra en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del mundo para el comercio energético. Por allí transita cerca de una quinta parte del petróleo exportado a nivel global, por lo que cualquier interrupción prolongada representa un riesgo significativo para el abastecimiento internacional.
La guerra redujo drásticamente la cantidad de buques petroleros capaces de operar en la zona. Ante la imposibilidad de transportar el crudo, los productores de la región comenzaron a acumular petróleo en depósitos, pero la capacidad de almacenamiento se está acercando rápidamente a su límite.
Irak fue el primer gran productor del Golfo en recortar la extracción debido al conflicto, aunque Emiratos Árabes Unidos y Kuwait también comenzaron a reducir su producción a medida que las disrupciones logísticas se expanden por la región.
Escalada militar y ataques a infraestructura
El deterioro de la situación energética coincide con un aumento de las tensiones militares. Durante el fin de semana, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra instalaciones petroleras en el sur de Teherán, en lo que representa el primer bombardeo reportado contra infraestructura energética de la República Islámica.
De acuerdo con medios estatales iraníes, cuatro depósitos de petróleo y un centro de transporte de combustibles en las provincias de Teherán y Alborz fueron alcanzados por ataques aéreos. Las autoridades confirmaron incendios de gran magnitud en las instalaciones, mientras equipos de emergencia trabajaban para contener los daños.
Las operaciones militares también incluyeron ataques contra el aeropuerto internacional de Mehrabad, que según Israel funcionaba como un centro logístico para el almacenamiento y distribución de armamento destinado a grupos aliados de Irán, entre ellos el movimiento Hezbolá en Líbano.
Además, fueron bombardeadas otras terminales aéreas, como las de Bushehr y Payam, y se reportó la destrucción de al menos 16 aeronaves militares. La ofensiva fue anticipada por el presidente estadounidense Donald Trump, quien había advertido que Irán sería golpeado “muy fuertemente” y dejó abierta la posibilidad de ampliar los objetivos militares.
Trump afirmó que la presión ejercida junto a Israel debilitó al régimen iraní y aseguró que el país dejó de ser “el matón de Oriente Medio”.
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fuente: ámbito financiero